lunes, 17 de octubre de 2016

Filosofía de enseñanza-aprendizaje

Querido compañero, querido lector:

Llega el momento de preguntarse... ¿cuál es mi concepción de la enseñanza y el aprendizaje? Una vez más, como ya os comentaba en la primera entrada de mi portafolio, la manera en la que entiendo el proceso de enseñanza-aprendizaje está a la vez muy condicionado y simultáneamente facilitado por el tipo de centro en el que trabajo. ¿Qué se aprende en un conservatorio? Música. ¿Y qué es lo que requiere la música para ser generada? ¡Actividad!

Las teorías del aprendizaje activo, o el hecho de que el alumno se convierta en el centro del proceso de enseñanza-aprendizaje, en el actor principal y no en un mero "depósito de conocimiento", están muy en boga en nuestro país desde la llegada de la LOGSE, al menos desde el punto de vista de la teoría educativa, de lo que se enseña a los profesores en su formación inicial en la universidad. Pero, ¿y en la práctica? Creo que, aunque lo que voy a decir sólo refleja un punto de vista personal que está condicionado por el entorno en el que me muevo (por los comentarios de mis amigos profesores en primaria y secundaria, por familiares que como yo se dedican a la enseñanza, por la actuación de los profesores que dan clase a los niños de mi familia), parece que seguimos anclados en modelos de enseñanza-aprendizaje que están más centrados en estrategias de enseñanza expositivas que en otra cosa.

Sin embargo, creo que es imprescindible generar la actividad del alumno para que aprenda, y, en mi campo, hacerlo es relativamente sencillo. ¿Cómo? En realidad el montaje de cualquier pieza musical requiere de la participación activa de todos los alumnos de una clase, aunque hay muchas maneras de hacerlo, y un factor importante es que los alumnos no se limiten únicamente a repetir lo que escuchan (como se puede repetir por ejemplo una poesía en una lengua extranjera sin hablarla y sin comprender por tanto el sentido de lo que se recita), sino que sientan que el lenguaje musical es algo vivo, que sirve para expresar los sentimientos de otros (los compositores) pero también los propios, creando su propia música.


Una buena idea para fomentar la actividad en el aprendizaje musical y, por extensión, en cualquier aprendizaje, es plantear las tareas a realizar en el aula y fuera de la misma según la taxonomía de Bloom, de la que podéis encontrar más información en una entrada que publiqué en mi blog sobre flipped classroom. Se trata de conseguir, en la medida de lo posible, que se pongan en práctica las acciones más elaboradas de los diferentes niveles jerárquicos que componen la taxonomía. Yo, particularmente, intento concederle la importancia suficiente a la creación en mis clases, para que mis alumnos utilicen activamente el lenguaje de la música. ¿Os atrevéis a intentarlo?

¡Un saludo!

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